Los versos del Capitán (Pablo Neruda) |
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[Volver]
Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de este
torpe
muchacho que te quiere,
niégame el pan, el aire,
la
luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.
Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de
espuma,
y en primavera quiero,
quiero tu risa como
la flor
que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.
Amor mío, si vieras,
si vieras que de pronto
mi sangre cae
y mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será
para mis manos
como una espada fresca
en las horas oscuras.
Quítame el mar si quieres,
quítame el aire pero
no me
quites tu risa
porque me moriría.
No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de
pronto,
estalla en tu alegría.
Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de
haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu
risa
sube al cielo y me busca
y abre para mí
todas las
puertas de la vida.
Amor mío si vieras…
Ay hijo, sabes, sabes
de dónde vienes?
Junto al agua de invierno
ella y yo levantamos
una fogata
roja
gastándonos los labios
de besarnos el alma,
quemándonos
la vida.
Ay hijo, sabes, sabes
de dónde vienes?
Pero ella para verme
y para verte un día
atravesó los
mares
y yo para abrazarla
toda la tierra anduve,
por guerras
y montañas.
Ay hijo, sabes, sabes
de dónde vienes?
Ay hijo, sabes
cómo llegaste al mundo?
Ay hijo, sabes, sabes
de dónde vienes?
Del agua y de la tierra,
del fuego y de la nieve,
desde el
amor terrible,
que queremos saberlo
como eres, que nos
dices
del mundo que te dimos.
Ay hijo, sabes, sabes
de dónde vienes?
Como una gran tormenta
sacudimos nosotros
el árbol de la
vida
y tu vienes ahora,
en la mas alta rama
que contigo
alcanzamos.
Ay hijo, sabes, sabes
de dónde vienes?
Ay hijo, sabes
cómo llegaste al mundo?
Yo soy el cóndor, vuelo
sobre tí que caminas
y de
pronto en un ruedo
de viento pluma y garras
te asalto y te
levanto
en un ciclón silbante,
en un ciclón silbante
de
huracanado frío.
Yo soy el cóndor, vuelo
sobre tí que caminas
y a mi torre
de nieve,
a mi guarida negra
te llevo y sola vives,
y vuelas
sobre el mundo,
inmóvil, en la altura.
Hembra cóndor, saltemos
sobre esta presa roja,
desgarremos
la vida
y levantemos juntos
nuestro vuelo salvaje,
y
levantemos juntos,
nuestro vuelo salvaje.
Tu cuerpo
no es sólo la rosa
que en la sombra se
levanta.
Tu cuerpo
no es sólo la sangre
ese pétalo del fuego.
Tu cuerpo
es mi territorio,
es el barro de mi infancia.
Tu cuerpo
es agua escondida
es la tierra que me llama.
Yo guardo
mis palabras en tu cuerpo
y el que las oiga un
día
recibirá una ráfaga de trigo y amapolas.
Y el cuerpo
del amor que hemos vivido
estará
todavía
caliente y respirando la luz sobre la tierra.
Tu cuerpo
es la fruta oscura
que he arrancado de la selva.
Y cuando
mis manos te hallaron
se quemaron en tu huella.
yo guardo...
y el cuerpo...
[bis]
Cuando el otoño se levanta
eres tu la que veo,
veo tu
cabellera
que reparte las espigas.
Cuando contemplo las estatuas,
cuando toco la piedra,
me
responde tu cuerpo,
reconozco tu dulzura
Y viene el sueño a llevarme
y viene un gran viento blanco
y
caen de él muchas hojas
como cuchillos sangrantes
y cada
herida tiene
la forma de tu boca
y cada herida tiene
la
forma de tu boca.
Cuando camino entre los heroes
recién condecorados
yo
descubro tu rostro
en la pólvora y la tierra.
Y viene el sueño a llevarme…
Cuando el otoño se levanta
Cuando el otoño se levanta.
Cuando tus manos salen,
amor, hacia las mías,
¿qué me
traen volando?
Por qué se detuvieron en mi boca,
de
pronto,
por qué las reconozco.
Los años de mi vida
yo caminé buscándote,
crucé los
arrecifes.
Subí las escaleras,
me llevaron los trenes,
las
aguas me trajeron,
y en la piel de las uvas
me pareció tocarte.
La madera de pronto
me trajo tu contacto,
la almendra me
anunciaba
tu suavidad secreta,
hasta que se cerraron
tus manos en mi pecho
y allí como dos
alas
su viaje terminaron.
Y cuando tú pusiste
tus manos en mi cuerpo,
reconocí esa
greda
y ese color de trigo
como si entonces antes,
las
hubiera tocado,
y hubieran recorrido
mi frente y mi cintura.
Reconocí esas manos
reconocí esas alas
de paloma
dorada.
Su suavidad venía
volando sobre el tiempo,
sobre el
mar, sobre el humo.
Y en la piel de las uvas
me pareció tocarte.
La madera de pronto
me trajo tu contacto,
la almendra me
anunciaba
tu suavidad secreta,
hasta que se cerraron
tus manos en mi pecho
y allí como dos
alas
su viaje terminaron.
Y cuando tú pusiste
tus manos en mi cuerpo,
reconocí esa
greda
y ese color de trigo
como si entonces antes,
las
hubiera tocado,
y hubieran recorrido
mi frente y mi cintura.
La madera de pronto
me trajo tu contacto,
la almendra me
anunciaba
tu suavidad secreta....
El viento es un caballo:
óyelo como corre
por el mar,
por el cielo.
Quiere llevarme: escucha
cómo recorre el mundo
para
llevarme lejos.
Escóndeme en tus brazos
por esta noche sola,
mientras la
lluvia rompe
contra el mar y la tierra,
mientras la lluvia
rompe
su boca innumerable.
Escucha como el viento
me llama galopando
para llevarme
lejos.
Deja que el viento pase
sin que pueda llevarme
por el mar
por el cielo.
Con tu frente en mi frente,
con tu boca en mi boca,
atados
nuestros cuerpos
al amor que nos quema,
con tu boca en mi
boca,
deja que el viento corra,
mientras yo, sumergido
bajo
tus grandes ojos,
por esta noche sola
descansaré, amor
mío.
Escóndeme en tus brazos
por esta noche sola.
Deja que el viento corra,
coronado de espuma,
que me llame y
me busque,
galopando en la sombra,
deja que el viento
corra
coronado de espuma.
Con tu frente en mi frente …
De tus caderas a tus pies
quiero hacer un largo
viaje.
Llego a tus rodillas
de redonda dureza
como a las
cimas
de un claro continente.
Aquí hay una montaña.
No saldré nunca de ella.
Hacia tus pies resbalo,
a las ocho aberturas,
de tus dedos
agudos,
lentos, peninsulares.
Voy por estas colinas,
son del color de avena,
tienen
delgadas huellas
que sólo yo conozco.
Y caigo en el vacío
de tu sábana blanca.
Busco ciega y
hambrienta
tu contorno quemante.
Busco ciego y hambriento
tu
contorno quemante.
Y caigo en el vacío
de tu sábana blanca.
Por tus piernas desciendo
hilando una espiral
o durmiendo en
el viaje
y llego a tus rodillas
de redonda dureza
como a las cimas
de
un claro continente.
Aquí hay una montaña.
No saldré nunca de ella.
Y una rosa
y un cráter
de fuego humedecido!
Hacia tus pies resbalo,
a las ocho aberturas,
de tus dedos
agudos,
lentos, peninsulares.
De tus caderas a tus pies
quiero hacer un largo viaje.
Y caigo en el vacío
de tu sábana blanca.
Busco ciega y
hambrienta
tu contorno quemante.
Aquí hay una montaña.
No saldré nunca de ella.
Y una rosa
y un cráter
de fuego humedecido!
Tus piernas, tus rodillas,
tus dedos agudos,
lentos,
peninsulares.
Tu contorno quemante.
Voy por estas colinas,
son del color de avena,
tienen
delgadas huellas
que sólo yo conozco.
Antes de mí
no tengo celos.
Ven con un hombre
a la espalda,
ven con cien hombres en tu
cabellera,
ven con mil hombres sobre tu pecho,
ven como un
río
lleno de ahogados
que encuentra el mar furioso,
la
espuma eterna, el tiempo!
Antes de mí
no tengo celos.
Tráelos todos
a donde yo te espero:
siempre estaremos
solos,
siempre estaremos
solos tú y yo parados
sobre la
tierra
para comenzar la vida!
para comenzar la vida!
Dormí contigo
la noche entera, mientras
el mundo
navegaba
con vivos y con muertos,
y desperté de pronto
en
medio de la sombra
y halle tus besos como
mojados por la
aurora
tus besos que venían
del mar que nos rodeaba
del
fondo de tu vida
del sueño y de las algas.
Te di de pronto
a manos llenas todo
te di mi pan mi vino
mi
cólera y mis besos
y fuiste tu la copa
que yo mas esperaba,
te
di de pronto todos
los dones de mi vida
y en medio de la
sombra
mi brazo te rodeaba
entre el placer y el sueño
junto
al fuego y al agua.
Y junto al mar oscuro
se unieron nuestros sueños
arriba
como ramas
que un mismo viento mueve,
abajo como rojas
raíces
que se tocan,
y halle tus besos como
mojados por la
aurora,
tus besos que venían
del mar que nos rodeaba,
entre
el placer y el sueño
junto al fuego y al agua.
Te dí pronto…
Y junto al mar oscuro…
Y halle tus besos como…